Tras el despido de alrededor de mil 900 trabajadores en la planta de General Motors ubicada en Ramos Arizpe, Coahuila, no existe riesgo de un cierre total de las operaciones, aseguró Tereso Medina Ramírez, dirigente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en la entidad.
El líder sindical, quien también representa a los trabajadores dentro de la empresa, señaló que, si bien la situación no apunta al cierre de la planta, es necesario analizar el panorama con cautela, especialmente ante los cambios tecnológicos que enfrenta la industria automotriz, como la incorporación de inteligencia artificial en los procesos de producción.
Medina Ramírez informó que ya se solicitó a la empresa el perfil de las personas que perdieron su empleo, con el objetivo de integrarlos en futuras ferias de trabajo que se organicen en la región y facilitar su reincorporación al mercado laboral.
El ajuste de personal responde, en parte, a la disminución en la demanda de vehículos eléctricos. Se trata del segundo recorte que realiza la empresa, luego de que el año pasado se eliminaran 850 plazas. Actualmente, la plantilla en Ramos Arizpe es inferior a los cinco mil trabajadores, cuando anteriormente alcanzaba los siete mil 500, tras la cancelación del segundo y tercer turno en las plantas de ensamble y motores.
El dirigente sindical advirtió que el impacto podría extenderse a la cadena de suministro, donde por cada trabajador despedido en la armadora se podrían ver afectados hasta seis empleos adicionales en empresas proveedoras. Esto, dijo, podría derivar en paros técnicos en el sector de autopartes.
No obstante, destacó que las plantas de la región continúan abasteciendo componentes a diversas marcas automotrices, por lo que confió en que los efectos negativos sean los menores posibles.




