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AUTORES, Opinión, Plumas

Detrás del voto útil

Isra Reyes
Isra Reyes
mayo 27, 2024

Por Israel Reyes 

Ya falta menos querido ciudadano de pie y asfalto. Las elecciones presidenciales se acercan a su fin y con ello, las irritantes campañas por tierra y por aire para vendernos productos plásticos y nocivos como la mejor opción para llevar las riendas de nuestro país, estado, municipio y distrito. 

Después de toda esa basura pseudoideologica que contamina durante tres meses nuestro entorno, no contentos con lo que hace la industria y el “progreso en exceso”; nos vienen a cerrar este capítulo histórico de nuestra democracia para que le apostemos al voto útil.

Pero ¿qué es el voto útil? El término «voto útil» o «voto estratégico» se refiere a una manera de decidir el voto en función de los posibles resultados de las elecciones. Este tipo de voto se centra en maximizar las probabilidades de éxito, evitando que el voto se disperse entre muchas opciones. Para ejercer el voto útil, los votantes analizan las posibilidades de cada candidato y apoyan a aquel con más probabilidades de ganar, consolidando así una tendencia colectiva. Generalmente, el voto útil tiende a polarizar las elecciones.

El voto útil tiene tanto defensores como detractores. Sus defensores destacan la importancia del aspecto colectivo del voto y la necesidad de concentrarlo para obtener resultados significativos. Los candidatos o partidos que reciben la mayoría de los apoyos suelen pedir a los votantes de candidatos similares o a los indecisos que voten por ellos, apelando a grandes cuestiones o problemas, como expulsar a un gobernante impopular o alcanzar un objetivo político importante. En muchos casos, aunque no siempre, el voto útil se convierte en un voto negativo, en contra de un adversario común.

En elecciones muy polarizadas entre dos partidos, se suele pedir el voto útil para captar a votantes no tradicionales, basándose en el miedo a que gane el otro partido, lo cual favorece el bipartidismo.

Por otro lado, los críticos del voto útil argumentan que este favorece a los partidos ya establecidos, impidiendo el crecimiento de nuevas alternativas. También sostienen que este tipo de voto puede ser moralmente cuestionable, y que los ciudadanos deberían votar por el candidato que más les guste, independientemente de sus posibilidades de ganar.

Las posibilidades de distribución de escaños y curules, a grandes rasgos, son tres: que haya una mayoría absoluta de Morena y sus aliados, que haya una mayoría absoluta del frente opositor o que ninguno de los dos obtenga esa mayoría. Por simple aritmética básica, una condición necesaria para que se dé lo tercero es que exista una tercera bancada que impida esas mayorías. Esa bancada no puede ser otra que la de Movimiento Ciudadano. Es una condición necesaria, pero no suficiente. Puede haber una mayoría absoluta y dos minorías.

Según la legislación electoral, todo voto por un candidato uninominal (o por la pareja de senadores) se transfiere automáticamente, en la lista proporcional, al partido por el que se votó. Por lo tanto, si alguien vota por Fulanito, también habrá votado por el partido que lo postuló en las listas plurinominales. Si gana o no, de todos modos, el voto servirá al partido. En realidad, se trata de un voto por el partido más que por el candidato. En el sistema mixto, prevalece la proporcionalidad. Lo lógico sería poner en segundo plano los nombres de los candidatos al distrito -o a la entidad, en el caso del Senado- y optar por el partido que más nos guste (o menos nos disguste).

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