El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, conversaron por teléfono con Vladímir Putin para explorar vías que permitan avanzar hacia el fin de la guerra en Ucrania. El diálogo, realizado el martes 27 de octubre, representa un nuevo acercamiento diplomático entre dirigentes europeos aliados de Kiev y el mandatario ruso.
Stubb calificó la conversación como franca y sustancial, y defendió la importancia de mantener contactos directos con Moscú. Por su parte, Støre destacó la necesidad de reducir las tensiones y advirtió sobre las consecuencias humanas y materiales que el conflicto podría dejar durante generaciones.
Durante la llamada, ambos líderes reiteraron que sus países mantendrán el respaldo a Ucrania y plantearon la necesidad de disminuir los ataques contra su infraestructura energética. Putin, en cambio, sostuvo que cualquier acuerdo de paz debe considerar plenamente los intereses de Rusia y acusó a la Unión Europea y a la OTAN de contribuir a prolongar las hostilidades.
La conversación también estuvo relacionada con los preparativos para una nueva ronda de negociaciones entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos, prevista para principios de noviembre en Abu Dabi. Los mandatarios nórdicos buscaron transmitir directamente sus planteamientos a Putin antes de esos encuentros, después de una reunión celebrada en Oslo con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y representantes estadounidenses.
Tras el contacto con el Kremlin, Stubb y Støre hablaron con Zelenski para informarle sobre los resultados. El presidente ucraniano agradeció el respaldo diplomático de ambos países y señaló que durante la conversación se insistió en la necesidad de adoptar medidas concretas para reducir los ataques contra instalaciones energéticas y otras infraestructuras de Ucrania.
La iniciativa, sin embargo, generó diferencias dentro de Europa. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, cuestionó que sus homólogos actuaran por separado y defendió la necesidad de mantener una postura europea coordinada frente a Moscú. Mientras continúan los esfuerzos diplomáticos, el principal desafío sigue siendo alcanzar un acuerdo que permita detener las hostilidades y establecer condiciones de seguridad duraderas para Ucrania y la región.


