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Editorial

UAdeC, una gestión que avanza

El Ahuizote
El Ahuizote
octubre 12, 2026

La Universidad Autónoma de Coahuila ocupa un lugar que rebasa el ámbito académico. Es la institución pública de educación superior con mayor presencia en el estado, forma profesionistas, genera conocimiento, sostiene proyectos de investigación y mantiene vínculos permanentes con los sectores productivos y sociales de Coahuila. Por eso, evaluar una administración universitaria no consiste únicamente en revisar obras, cifras o programas, significa observar si la institución avanza, mejora sus capacidades y ofrece mejores condiciones para que estudiantes, docentes e investigadores cumplan con su función.

A poco más de dos años del inicio de la administración encabezada por el rector Octavio Pimentel Martínez, existen resultados que permiten hacer una valoración positiva de la ruta emprendida. La Universidad ha crecido, ampliado su oferta académica, fortalecido mecanismos de evaluación y acreditación, mejorado procesos administrativos y financieros y mantenido una presencia activa en las distintas regiones del estado.

Uno de los datos más relevantes es el crecimiento de la matrícula. La UAdeC alcanzó una comunidad de 41 mil 779 estudiantes de educación media superior y superior. El dato importa no sólo por su dimensión, sino porque detrás de cada lugar disponible existe la posibilidad de que un joven continúe sus estudios dentro de una universidad pública. La cobertura universitaria sigue siendo una de las herramientas más importantes de movilidad social.

Crecer, sin embargo, no es suficiente. Una universidad puede aumentar su matrícula y deteriorar la calidad de sus programas. Por eso resulta relevante que la expansión vaya acompañada por evaluación académica. Durante esta administración se ha impulsado la certificación y acreditación de planes de estudio, se fortalecieron los programas de posgrado reconocidos por su calidad y se incorporaron nuevas opciones educativas vinculadas con áreas que demanda el desarrollo regional.

Nutrición, Robótica y Sistemas Inteligentes, Negocios Internacionales, Enfermería, Vitivinicultura y nuevos programas de posgrado forman parte de una oferta que busca responder a transformaciones económicas y tecnológicas. Una universidad pública no puede permanecer estática mientras cambia el entorno. Tiene que preservar sus fortalezas y anticipar los conocimientos y habilidades que serán necesarios en los próximos años.

Esa actualización también se observa en la formación docente. Más de 2600 maestras y maestros participaron durante el último año en procesos de capacitación, mientras se fortalecieron estímulos al desempeño, apoyos para estudios de posgrado y estancias académicas. La calidad universitaria comienza en el aula y ninguna reforma administrativa puede sustituir a un profesor bien preparado.

La investigación constituye otro de los pilares de esta etapa. Durante 2026 el programa Impulsa respaldó 15 proyectos orientados a problemáticas de Coahuila en áreas como salud, medio ambiente, industria, inteligencia artificial, genética forense e innovación alimentaria. La investigación debe responder a necesidades reales e incorporar activamente a los estudiantes en la producción científica.

Otro de los aspectos que han marcado la gestión de Octavio Pimentel es el orden administrativo y financiero. Las universidades públicas enfrentan el desafío de administrar recursos limitados frente a necesidades crecientes. Matrícula, salarios, infraestructura, investigación, becas, mantenimiento y tecnología requieren planeación y prioridades claras.

En ese terreno, la UAdeC consiguió durante 2026 recuperar una opinión positiva de cumplimiento de obligaciones fiscales por parte del SAT, condición que no obtenía desde hacía seis años. Más allá del dato administrativo, el resultado fortalece la capacidad institucional para participar en convocatorias, celebrar convenios, acceder a programas y acreditar cumplimiento ante otras instancias. El avance fortalece además la confianza institucional y pública.

La transparencia y la disciplina financiera no son un complemento de la actividad académica. Son una condición para sostenerla. Cada peso administrado correctamente puede convertirse en infraestructura, equipamiento, becas, investigación o mejores servicios. Por eso el fortalecimiento de la rendición de cuentas constituye un avance que debe mantenerse.

La administración también ha buscado modernizar la infraestructura tecnológica. El crecimiento de la capacidad de internet en distintos campus, la adquisición de equipo y las obras realizadas en escuelas y facultades responden a una realidad evidente, hoy la calidad educativa depende también de conectividad, plataformas digitales, laboratorios y herramientas que acompañen el aprendizaje.

La Universidad ha informado sobre 22 obras estratégicas en distintos campus y la entrega de cientos de computadoras, miles de mesabancos y otros equipos para mejorar las condiciones de las unidades académicas. Son acciones que quizá no tengan la espectacularidad de una gran obra, pero inciden directamente en la experiencia cotidiana de alumnos y profesores.

A ello se suma una política de becas que alcanza a una parte importante de la matrícula. Alrededor de una tercera parte de los estudiantes cuenta con algún tipo de apoyo. Becas de inclusión y créditos para inscripción permiten que la falta de recursos económicos no se convierta automáticamente en una causa de abandono.

La universidad contemporánea tampoco puede limitarse a impartir clases. La formación integral exige cultura, deporte, salud mental, participación comunitaria y construcción de ciudadanía. En esos ámbitos, la UAdeC ha ampliado actividades culturales, fortalecido equipos deportivos y desarrollados programas sociales que han alcanzado a miles de personas fuera de los campus.

Programas como Lobos en Acción, Lobos al Rescate y Lobos en tu Colonia reflejan una universidad que entiende que su responsabilidad no termina cuando el estudiante cruza la puerta del salón. El conocimiento adquirido tiene mayor sentido cuando regresa a la comunidad en forma de servicio, acompañamiento o soluciones.

También ha sido relevante el fortalecimiento de mecanismos relacionados con derechos universitarios, igualdad y atención a la salud mental. Ninguna institución educativa está exenta de conflictos. Lo importante es contar con canales para atenderlos, procedimientos claros y una cultura que permita reconocerlos en lugar de ocultarlos.

Otro rasgo visible de la administración de Octavio Pimentel ha sido la cercanía territorial. La UAdeC está distribuida en un estado extenso y con realidades distintas. Durante el último año, el rector reportó recorridos por los 16 municipios donde la Universidad tiene presencia. La lógica es correcta, una universidad regional necesita escuchar directamente a su comunidad.

Esa cercanía ayuda también a construir identidad. La UAdeC no es únicamente una suma de facultades independientes. Es una comunidad estatal que necesita reconocerse como parte de un mismo proyecto. De ahí la importancia otorgada al sentido de pertenencia, al deporte y a la cultura.

La relación con el Gobierno del Estado y con los municipios ha sido otro componente importante. La autonomía universitaria no significa aislamiento. Significa capacidad para gobernarse sin subordinación, pero también mantener colaboración institucional cuando ésta beneficia a la comunidad. Lo importante es que esa relación ocurra con respeto a la autonomía.

Naturalmente, una valoración positiva no significa que todos los retos están resueltos. Una universidad de más de 41 mil estudiantes siempre tendrá necesidades pendientes. Existen programas que todavía deben acreditar su calidad, infraestructura por renovar, procesos que pueden simplificarse, desafíos presupuestales y nuevas exigencias académicas que obligarán a continuar transformándose.

Precisamente por eso resulta importante distinguir entre una administración que solamente gestiona la rutina y una que intenta modificar indicadores concretos.

Hasta ahora, la gestión de Octavio Pimentel muestra avances verificables en áreas fundamentales, cobertura, calidad académica, investigación, infraestructura, modernización tecnológica, becas, responsabilidad social y orden administrativo. Ninguno de esos resultados pertenece exclusivamente al rector. Una universidad se construye con el trabajo de estudiantes, docentes, investigadores, personal administrativo, directores y comunidades académicas enteras.

El mérito de una conducción institucional consiste en ordenar esos esfuerzos, establecer prioridades y convertirlos en resultados.

La UAdeC tiene además una responsabilidad particularmente importante frente al futuro de Coahuila. Una parte significativa de los profesionistas que sostendrán durante las próximas décadas la industria, los servicios públicos, la justicia, la salud, la educación, la investigación y la actividad empresarial se está formando hoy dentro de sus aulas.

Por eso es correcto que la administración insista en ampliar la calidad certificada, fortalecer la investigación, actualizar programas, modernizar instalaciones y ordenar las finanzas. Son acciones menos vistosas que algunos anuncios, pero mucho más importantes para la vida de una universidad.

El desafío para la segunda mitad de la gestión será consolidar lo avanzado y convertir los resultados actuales en capacidades permanentes. Que las acreditaciones se traduzcan en mejores egresados. Que la investigación produzca soluciones. Que la transparencia financiera se mantenga. Que las becas permitan concluir carreras y que la infraestructura mejore las condiciones de aprendizaje.

A poco más de dos años del inicio de la administración de Octavio Pimentel, la UAdeC muestra una institución que ha crecido, que está ordenando áreas fundamentales y que mantiene una agenda de transformación académica y administrativa. Todavía hay camino por recorrer.

Pero cuando una universidad pública amplía oportunidades, mejora sus procesos, invierte en conocimiento, fortalece la rendición de cuentas y mantiene presente su responsabilidad social, el rumbo merece ser reconocido.

Porque fortalecer a la Universidad Autónoma de Coahuila no significa únicamente fortalecer una institución educativa. Significa invertir en una de las estructuras que durante décadas han construido el desarrollo, la movilidad social y el capital humano del estado.

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