Héctor Rivera Sylva
Si observamos a un gorrión, un águila o un colibrí, todos comparten una característica que damos por sentada: una cola corta formada por un pequeño conjunto de vértebras fusionadas que sostiene las plumas caudales. Sin embargo, los ancestros de las aves eran muy diferentes. Los dinosaurios de los que evolucionaron poseían largas colas óseas que les ayudaban a mantener el equilibrio mientras corrían.
¿Cómo ocurrió esa extraordinaria transformación? ¿Cómo pasó la evolución de una larga cola de dinosaurio a la pequeña estructura que vemos en las aves modernas? Durante décadas, esta pregunta ha sido uno de los grandes enigmas de la paleontología. Ahora, un descubrimiento realizado en China ofrece una de las respuestas más claras hasta la fecha.
En un estudio publicado en la revista Science Advances, un equipo de científicos chinos describió una nueva especie de ave primitiva llamada Zhengheornis buyu, un fósil que captura un momento clave en la evolución del cuerpo de las aves.
El nombre del nuevo animal tiene un significado muy especial. Zhengheornis combina el nombre del condado chino de Zhenghe, donde fue descubierto el fósil, con la palabra griega “ornis”, que significa “ave”. Por su parte, el nombre de la especie buyu significa “inesperado” en mandarín.
El ejemplar fue descubierto en rocas del sureste de China con una antigüedad cercana a 150 millones de años, una época en la que las primeras aves apenas comenzaban a separarse evolutivamente de los pequeños dinosaurios emplumados. Aquellos animales todavía conservaban muchas características propias de sus ancestros, como dientes, garras en las alas y largas colas óseas. Sin embargo, también estaban desarrollando las adaptaciones que les permitirían conquistar definitivamente el cielo.
El fósil conserva una anatomía que demuestra que la reducción del número de vértebras de la cola ocurrió antes de que estas terminaran fusionándose para formar el pigóstilo, la pequeña estructura ósea presente en todas las aves modernas.
Hasta ahora se desconocía si la cola simplemente se había acortado de manera gradual o si la fusión de las vértebras había ocurrido al mismo tiempo que la reducción de su longitud. El nuevo fósil demuestra que ambos procesos sucedieron por etapas.
Primero, la cola comenzó a hacerse más corta mediante la pérdida progresiva de vértebras. Solo posteriormente esas vértebras remanentes terminaron fusionándose para formar la estructura compacta que caracteriza a las aves actuales. Se trata de una pieza fundamental para reconstruir uno de los cambios anatómicos más importantes de toda la evolución de los vertebrados terrestres.
Pero Zhengheornis también aporta otra sorpresa. El animal era extraordinariamente pequeño, incluso más diminuto que cualquier otra ave primitiva conocida. Este reducido tamaño indica que las primeras aves experimentaron una diversificación mucho mayor de la que se había imaginado. No todas seguían el mismo modelo corporal; algunas eran más grandes, otras mucho más pequeñas, y probablemente ocupaban distintos nichos ecológicos dentro de los bosques jurásicos.
La cola corta no solo redujo el peso del cuerpo, sino que también permitió un mejor control del vuelo y facilitó el desarrollo de complejas maniobras aéreas que hoy observamos en miles de especies.



