La cancelación de la visa estadounidense de Andy López Beltrán, ha provocado una reacción política que ha mezclado conceptos que deberían mantenerse perfectamente separados. Morena habla de persecución, algunos de sus dirigentes elevan el episodio a una afrenta política y desde el propio oficialismo se empieza a utilizar una palabra bastante más grande que el problema, soberanía.
Conviene empezar por lo elemental. Una visa estadounidense no es un derecho humano, tampoco un derecho constitucional de los mexicanos y mucho menos una prerrogativa derivada del apellido de quien la posee. Es una autorización que un Estado soberano concede a un extranjero para solicitar su ingreso a su territorio. Puede otorgarla, negarla o revocarla conforme a sus propias leyes. Así de simple.
Estados Unidos decidió cancelar la visa de Andrés Manuel López Beltrán. Podremos discutir si la decisión tiene motivaciones políticas, o si detrás existe alguna investigación. Todo eso merece análisis. Lo que no puede sostenerse seriamente es que cancelar la visa de un particular constituya, por sí mismo, un ataque contra la soberanía mexicana.
Andy no es México. Ni siquiera ocupa actualmente un cargo público de elección popular o una responsabilidad dentro del gobierno federal. Es militante de un partido político y, además, hijo de un expresidente. Su relevancia pública es evidente, pero ninguna de esas condiciones convierte su posibilidad de entrar a Estados Unidos en asunto de Estado.
Hay algo interesante. Andy decidió hacer pública la cancelación antes de que una autoridad estadounidense anunciara algo al respecto. Envió una carta directamente a Donald Trump, señaló a Marco Rubio y Christopher Landau y calificó la medida como política y propagandística. Está en todo su derecho. Puede inconformarse, denunciar lo que considere injusto y utilizar todos los mecanismos jurídicos y políticos disponibles para defenderse. Pero se está defendiendo él. No México.
Sin embargo, la reacción del oficialismo introduce una contradicción bastante incómoda. Claudia Sheinbaum señaló correctamente que una visa no define a una persona, pero al mismo tiempo ha atribuido una dimensión política a la decisión. Integrantes de Morena incluso hablan de una embestida extranjera y de amenazas a la soberanía.
Entonces habrá que preguntar, si mañana Estados Unidos cancela la visa de cualquier ciudadano mexicano, ¿Palacio Nacional convertirá también su problema migratorio en un asunto bilateral? Evidentemente no. Y ése es justamente el punto.
Si durante años se nos dijo que se acabaron los privilegios, entonces tendremos que empezar por aceptar que ser hijo de Andrés Manuel López Obrador tampoco debería generar uno.
Andy tiene exactamente los mismos derechos que cualquier mexicano para defender su reputación y cuestionar una decisión que considera arbitraria. Lo que no tiene es un derecho especial para convertir una controversia personal en una causa nacional sólo porque su padre gobernó México durante seis años.
La propia respuesta estadounidense resulta bastante sencilla, nadie tiene derecho adquirido a una visa. Washington podrá explicar o reservar las razones conforme a su legislación, pero decidir quién entra en su territorio forma parte precisamente de su soberanía.
Curioso, pero, algunos pretenden defender la soberanía mexicana exigiendo que otro país renuncie a ejercer la suya.
El Estado no es Morena. Morena no es el gobierno. El gobierno no es la familia de López Obrador. Y la familia López Obrador, por relevante que sea, tampoco es México.
El resumen es simple, existe solamente un hecho incontrovertible, un país extranjero canceló el permiso de entrada de un particular. No invadieron territorio mexicano. No removieron a una autoridad. No alteraron nuestras elecciones. No vulneraron nuestra Constitución. Le quitaron una visa a Andy. Tal vez el verdadero privilegio no era tenerla. El verdadero privilegio es conseguir que, cuando te la quitan, todo un movimiento político pretenda convencernos de que el agraviado fue México.



