Aunque es un tema ya sobrecomentado, si quiero hacer mi reflexión editorial sobre la llegada a la alcaldía de Miguel Ángel Riquelme Solís en Torreón. Esto ante el sensible fallecimiento del señor Román Alberto Cepeda.
Como sabemos, después de cierto tiempo, ya no puede haber elecciones y por eso, le tocó al Congreso del Estado y a propuesta del Partido Revolucionario Institucional en la entidad, mandar el perfil, y esta semana rindió protesta como alcalde del municipio más importante de La Laguna.
Y bueno, esto es lo técnico, la ruta legal digamos, de este cargo que tiene vigencia hasta el 31 de diciembre del 2027, pero si quiero hacer una reflexión muy breve de la importancia política y partidista que tiene en la actualidad el ex gobernador, Miguel Riquelme.
Y creo que aunque el Riquelme y el actual gobernador, Manolo Jiménez, ya se conocían por asuntos de partido, siento que su relación se afianzó, cuando en aquella elección polémica del 2017, la más apretada en la historia, y en donde el PRI casi pierde el poder, y donde perdieron municipios por todo Coahuila, incluyendo Torreón, o también perdieron la mayoría del Congreso del Estado, hubo un personaje que en Saltillo arrasó en las alcaldías, de esas que nadie quería porque eran las de un año.
Ese personaje es nada más y nada menos que Manolo Jiménez, y lo comento porque muchos no tienen el dato fresco, pero para los que andamos en estos trotes es algo muy obvio, que en el contexto de que casi pierdes por primera vez en la historia la gubernatura, haya existido un joven que te rescató el proyecto.
Porque hay que decirlo, y solo para darnos una idea, oficialmente Riquelme ganó a Guillermo Anaya por apenas 28 mil votos, esto obviamente a nivel estatal, mientras que la ventaja de Manolo nada más en Saltillo fue de más de 60 mil votos.
Era obvio que nacería una relación cercana y se hicieron alianzas importantes. Y casi nadie lo comenta, pero si Manolo no saca esa ventaja en 2017, el PRI hubiera perdido esa elección y al día de hoy el panorama fuera completamente otro.
Y quise arrancar con esta anécdota, porque para mí es la columna vertebral de lo que pasó después, ya que Riquelme, un gobernador que llegó con problemas serios de legitimación, fue jalando, calladito, efectivo y cuando la oposición reaccionó, sencillamente ya no existía.
Riquelme tuvo uno de los mejores sexenios en base a resultados y resultados medibles; de INEGI, del Secretariado Ejecutivo, de encuestas serias.
Luego Riquelme se va de senador, después de una elección durísima contra Morena en 2024 y fíjense que reconozco que deje su escaño en el Senado para ir a solucionar broncas a Torreón, porque en la Capital todo es leer, proponer y en ocasiones subir a tribuna. Mas no así las broncas en un ayuntamiento como Torreón.
Pero ahora, ante el lamentable fallecimiento de Román Cepeda, el gobernador hace alianza con el exgobernador, digamos de manera invertida, ahora Manolo siendo gobernador y Riquelme de alcalde.
Y sobre todo porque muchos no lo saben, pero el operador político de La Laguna, y no solo de Torreón, para obtener los resultados el pasado 7 de junio, fue precisamente Miguel Riquelme.
Quedó claro que Riquelme sigue siendo una figura importante y reconocida en La Laguna, obviamente debe tener una excelente relación con la clase política, empresarial, sobre todo por su paso como gobernador.
Recordemos que el “Modelo Coahuila” en materia de seguridad, se acabó de consolidar en su sexenio y aunque es un asunto de chamba diaria, el esquema acabó de pulirse en ese periodo, y para acabar pronto; creo que con toda esa experiencia, le hará mucho bien a Torreón.
Un aspecto a destacar, es que muchos ex gobernadores ya no regresan a la política por muchos factores, pero Riquelme se puso el overol; primero como Senador y ahora va a atender los mil problemas que tiene el municipio más importante de La Laguna y uno de los más importantes del país.


