Las estafas, las extorsiones y los fraudes cibernéticos están a la orden del día en México. El tema de esta columna surge a partir de una lectura que considero lógica y sustentada en datos relevantes para quienes forman parte de las instituciones de seguridad y procuración de justicia.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las personas mayores de 75 años que utilizan internet se encuentran entre los sectores más vulnerables a las extorsiones y fraudes financieros. Si bien las estafas financieras no son exclusivas de los adultos mayores —ya que cada vez tienen mayor incidencia entre jóvenes y personas en edad productiva—, este sector de la población suele ser más susceptible debido al exceso de confianza, las dificultades tecnológicas que frecuentemente enfrenta y el limitado conocimiento en el manejo de teléfonos inteligentes, tabletas o computadoras, circunstancias que son aprovechadas por los ciberdelincuentes.
Por ello, es fundamental fortalecer la prevención de riesgos dirigida a este grupo de la población y evitar que quede a la deriva ante estas amenazas.
Semanas antes de redactar esta columna, escuché al Fiscal General de Coahuila, Federico Fernández Montañez, expresar una frase que hoy cobra especial relevancia en este tema: “Así como las corporaciones de seguridad y procuración de justicia innovan con tecnología y nuevos métodos estratégicos, de la misma manera lo hacen quienes delinquen. Operan como una empresa y evolucionan constantemente en sus formas de cometer delitos”.
El avance tecnológico, tanto en las computadoras como en los teléfonos móviles, ha sido vertiginoso para generaciones que no estaban acostumbradas a cambios tan acelerados. Muchas personas aún no dimensionan el alcance que tienen las operaciones financieras realizadas desde un dispositivo móvil.
En pocas palabras, los adultos mayores suelen carecer de una educación digital adecuada, producto de la época en la que se desarrollaron, no por falta de capacidad. Además, son más propensos a caer en la desinformación o a compartir noticias falsas (fake news) que circulan a través de redes sociales y servicios de mensajería.
La digitalización de trámites gubernamentales, bancarios y de salud —como las citas médicas en línea— también puede limitar su autonomía cuando no cuentan con las herramientas o conocimientos necesarios para acceder y comprender estas plataformas, obligándolos a depender de terceros.
Es precisamente aquí donde surge otro grave problema. La dependencia de terceras personas —que no siempre son confiables— puede derivar en abusos de confianza y ocasionar daños irreparables para quienes depositaron su confianza en ellas.
EL REMATE
La brecha digital en las personas mayores se refiere a los distintos factores que dificultan el acceso y uso adecuado de internet y de las herramientas tecnológicas.
Se trata de un problema que con frecuencia pasa desapercibido. Mientras que para las generaciones más jóvenes y los llamados nativos digitales el uso de las nuevas tecnologías resulta algo cotidiano, intuitivo y natural, para muchas personas mayores puede ser una experiencia abrumadora que incluso las exponga a situaciones de discriminación o exclusión digital.



