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Editorial

Es Riquelme

El Ahuizote
El Ahuizote
junio 29, 2026

La vida institucional de una ciudad no se detiene frente a los acontecimientos inesperados. La administración pública tiene precisamente esa responsabilidad, garantizar continuidad y sostener la gobernabilidad incluso cuando la coyuntura política se altera por circunstancias extraordinarias. Torreón atraviesa uno de esos momentos.

El fallecimiento del alcalde Román Alberto Cepeda González abrió un proceso que no estaba previsto dentro del calendario político ordinario. No se trata de una elección más, ni de una competencia entre proyectos de campaña, ni de una disputa electoral sometida al ritmo habitual de las urnas. Se trata de un procedimiento institucional de sustitución, previsto por el marco constitucional de Coahuila, cuyo objetivo es evitar vacíos de autoridad y permitir que el municipio continúe funcionando.

En este tipo de escenarios, la pregunta central cambia. Ya no se trata de quién puede construir una narrativa electoral más atractiva, sino de quién puede asumir una responsabilidad pública en condiciones de transición y con capacidad inmediata para conducir una administración en marcha. Ahí es donde la experiencia deja de ser un atributo político ordinario y se convierte en un criterio institucional.

De acuerdo con el procedimiento aplicable en Coahuila, corresponde al partido que obtuvo el triunfo en el municipio presentar una propuesta para cubrir la vacante en la Presidencia Municipal. Posteriormente, el Congreso del Estado debe analizar y, en su caso, aprobar la designación. Ese diseño jurídico tiene una lógica clara, preservar la continuidad democrática del mandato originalmente otorgado por la ciudadanía, pero al mismo tiempo garantizar que la sustitución ocurra mediante una vía institucional.

Una designación extraordinaria exige resolver una necesidad inmediata de gobernabilidad. Por eso, en una transición de esta naturaleza, la improvisación representa un riesgo mayor. Un municipio como Torreón no puede detenerse mientras una nueva autoridad aprende desde cero el funcionamiento de sus dependencias, sus procedimientos administrativos, sus prioridades presupuestales o sus mecanismos de coordinación con otros órdenes de gobierno.

La ciudad no espera. Esa es la primera condición política de una sustitución municipal extraordinaria, la operatividad inmediata.

Torreón no es un municipio menor dentro del mapa político, económico y social de Coahuila. Es uno de los centros urbanos más relevantes del norte del país y pieza fundamental de La Laguna, una región con dinámicas propias en materia industrial, comercial, agropecuaria, metropolitana, social y de seguridad. Su administración exige conocimiento del territorio, comprensión de sus equilibrios locales y capacidad de interlocución con sectores diversos.

Quien asumirá la Presidencia Municipal enfrentará una agenda amplia, seguridad pública, servicios primarios, movilidad, desarrollo urbano, coordinación metropolitana, infraestructura, agua, finanzas, competitividad, inversión y atención ciudadana. Son temas que no pueden abordarse desde la abstracción ni desde el aprendizaje lento. Requieren capacidad administrativa y experiencia de gobierno.

En ese contexto aparece Miguel Ángel Riquelme Solís. Su nombre fue colocado dentro del proceso de sustitución municipal por una razón verificable, cuenta con una trayectoria extensa en distintos niveles del servicio público. Ha sido diputado local, diputado federal, secretario de Desarrollo Social, secretario de Gobierno, presidente municipal de Torreón, gobernador de Coahuila y actualmente senador de la República.

Esa trayectoria permite analizar el caso desde una perspectiva institucional y no solamente política.

El paso por responsabilidades legislativas le dio experiencia en la construcción de acuerdos, discusión normativa y funcionamiento parlamentario. Su desempeño en áreas ejecutivas del gobierno estatal lo vinculó con la operación administrativa, la coordinación política y el diseño de políticas públicas. Su etapa como alcalde de Torreón lo colocó frente a la administración municipal de la propia ciudad. Posteriormente, como gobernador, encabezó el Ejecutivo estatal en un periodo marcado por desafíos de seguridad, desarrollo económico y contingencias sanitarias.

En su etapa como alcalde, Miguel Ángel Riquelme Solís encabezó el municipio en un momento en que Torreón transitaba por una etapa compleja en materia de seguridad. Posteriormente, como gobernador, le correspondió encabezar el estado en un periodo donde la seguridad siguió siendo uno de los principales ejes de coordinación institucional. También enfrentó la emergencia sanitaria por COVID-19, una crisis de naturaleza distinta que exigió decisiones bajo presión, reorganización administrativa, coordinación con el sector salud y diálogo con sectores productivos y sociales.

La administración pública no se evalúa únicamente en tiempos ordinarios. También se mide en su capacidad para responder cuando las circunstancias se vuelven adversas. En una ciudad como Torreón, donde la agenda pública combina seguridad, desarrollo económico, crecimiento urbano y retos metropolitanos, la experiencia previa en escenarios de presión adquiere peso analítico. No como garantía absoluta. Sí como antecedente de gestión.

Otro factor importante es la coordinación intergubernamental. Los municipios dependen, en múltiples áreas, de su capacidad para construir acuerdos con el gobierno estatal y con la federación. Seguridad, infraestructura, agua, movilidad, desarrollo social, inversión y gestión de recursos requieren comunicación permanente entre niveles de gobierno.

En el caso de Coahuila, la relación entre el gobierno estatal y los municipios ha sido uno de los componentes centrales de la gobernabilidad local. Cuando existe coordinación política e institucional previamente construida, los tiempos de implementación pueden reducirse. Las decisiones fluyen con mayor rapidez, los proyectos encuentran canales de interlocución más claros y las prioridades pueden alinearse sin largos periodos de ajuste.

La relación institucional entre el actual gobernador Manolo Jiménez Salinas y Miguel Ángel Riquelme Solís tiene un antecedente político relevante, ambos han ocupado responsabilidades ejecutivas en distintos momentos y han compartido espacios de coordinación dentro de la vida pública estatal. Analizada desde una perspectiva técnica, esa relación puede facilitar la continuidad de políticas públicas, especialmente en áreas donde la coordinación municipio-estado resulta indispensable.

El mensaje político de fondo también merece análisis. Cuando una organización política enfrenta una sucesión inesperada, puede optar por diferentes rutas, abrir espacio a un perfil emergente, impulsar un liderazgo de renovación, buscar equilibrio interno o privilegiar experiencia administrativa. Cada decisión envía un mensaje. En este caso, la señal apunta hacia la continuidad y la estabilidad.

Torreón es un municipio relevante, en una región de peso económico, en un estado que ha construido parte de su narrativa pública alrededor de la seguridad y la estabilidad. Por ello, la sustitución del alcalde no puede leerse únicamente como un movimiento de nombres. Debe entenderse como una decisión de gobernabilidad.

El Congreso del Estado tiene la responsabilidad de concluir el proceso conforme al marco legal aplicable. La aprobación en comisión ya representa un avance institucional relevante, pero corresponde al pleno desahogar la etapa final y formalizar, en su caso, la designación. Esa decisión deberá observarse no sólo desde la coyuntura política, sino desde la necesidad de preservar la gobernabilidad municipal.

Cuando llegue el momento y el nombre se confirme, Torreón iniciará una nueva etapa encabezada por uno de los cuadros con mayor kilometraje político en Coahuila. Esa condición, permite entender por qué la experiencia fue colocada en el centro del análisis institucional.

La ciudad enfrentará desafíos concretos. Mantener condiciones de seguridad. Sostener servicios públicos. Atender crecimiento urbano. Fortalecer la competitividad regional. Cuidar finanzas municipales. Coordinarse con el gobierno estatal. Escuchar a la sociedad civil. Dar continuidad a proyectos en curso. Responder a la ciudadanía en un contexto emocionalmente marcado por el fallecimiento del alcalde anterior.

La sustitución no ocurre en una hoja en blanco. Ocurre dentro de una ciudad viva, con problemas, expectativas, proyectos y exigencias.

Por eso, más que una discusión sobre personas, este proceso permite observar cómo funcionan las instituciones cuando deben responder a lo inesperado. Las democracias no sólo se prueban en las elecciones. También se prueban en las transiciones, en las ausencias, en los procedimientos extraordinarios y en la capacidad de mantener estabilidad cuando el calendario político se rompe.

La experiencia, en esos momentos, se convierte en un activo; porque reduce la incertidumbre; permite continuidad; facilita coordinación; y ofrece antecedentes verificables para evaluar la capacidad de conducción en escenarios complejos. Ese es el sentido institucional de esta designación.

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