Héctor Rivera Sylva
Hay descubrimientos que no solo agregan un nombre nuevo a la lista de dinosaurios, sino que obligan a redibujar mapas completos. Eso es precisamente lo que ocurre con Dasosaurus tocantinensis, un nuevo saurópodo descrito a partir de materiales del Cretácico Temprano (Aptiano) del noreste de Brasil, cuya investigación fue realizada por un grupo internacional de paleontólogos y publicada en la revista Journal of Systematic Palaeontology.
A primera vista podría parecer “un saurópodo más”. Pero no lo es. El espécimen pertenece a Somphospondyli, el grupo que incluye a los gigantes titanosaurios, aunque en este caso se trata de una forma que aún no es titanosauriana propiamente dicha. Es decir, estamos frente a una pieza clave en la transición evolutiva hacia los colosos que dominarían el Cretácico tardío.
¿Qué lo hace especial? Entre otros rasgos, las vértebras caudales medias y posteriores muestran un complejo de tres crestas alargadas, con un surco situado por encima de la cresta ventral, una configuración anatómica particularmente distintiva. Además, el fémur presenta una prominente protuberancia lateral. Estos caracteres compartidos permiten ubicar a Dasosaurus como taxón hermano de Garumbatitan morellensis, un saurópodo descrito en el Barremiano de España.
La conexión entre Brasil y España no es una coincidencia menor. Los análisis biogeográficos numéricos sugieren que el linaje formado por Dasosaurus y Garumbatitan tuvo un origen europeo, y que la rama sudamericana habría dispersado hacia el sur a través del norte de África en algún momento entre el Valanginiano y el Aptiano. En otras palabras, estamos ante una historia de migraciones continentales en un mundo donde los océanos aún no habían terminado de separar por completo los bloques de Gondwana y Europa.
Pero quizá lo más fascinante no esté solo en la morfología externa, sino en lo que revelan los huesos al microscopio. Los estudios muestran una combinación inesperada de características: un sistema fundamental externo, típico de individuos que han alcanzado su máximo crecimiento, junto con restos de tejido laminar primario y un alto grado de remodelación secundaria. Esta mezcla de rasgos, antes reconocidos por separado en neosaurópodos basales y en titanosaurios más derivados, sugiere que la evolución del crecimiento óseo en este linaje fue más compleja de lo que pensábamos.
Cada nuevo saurópodo del Cretácico Temprano sudamericano amplía nuestra comprensión de una etapa todavía poco documentada en comparación con el esplendor titanosauriano posterior. El norte de Sudamérica, en particular, sigue revelando piezas clave para entender cómo se estructuraron las faunas de Gondwana en un momento de profundos cambios geográficos y climáticos.
Este hallazgo no solo incrementa la diversidad conocida de saurópodos en el Aptiano brasileño; también subraya que la historia evolutiva de estos gigantes no puede entenderse desde una sola región. Fue una historia global, tejida a través de conexiones intercontinentales que hoy solo podemos reconstruir combinando anatomía comparada, histología ósea y modelos biogeográficos.



