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Opinión, Plumas

Bakiribu: el primer pterosaurio filtrador tropical

El Ahuizote
El Ahuizote
febrero 16, 2026

Héctor Rivera Sylva

El Grupo Santana, en el noreste de Brasil, continúa revelando piezas fundamentales para comprender la diversidad de los ecosistemas del Cretácico temprano. En esta ocasión, el hallazgo corresponde a Bakiribu waridza, el primer pterosaurio tropical con un sistema de alimentación por filtración, una adaptación que hasta ahora solo se conocía en formas sudamericanas como Pterodaustro. El descubrimiento, publicado recientemente en la revista Scientific Reports por un equipo de paleontólogos brasileños, amplía de forma significativa nuestro entendimiento sobre la evolución y dispersión de los pterosaurios filtradores.

El nombre Bakiribu waridza combina dos palabras en lengua kariri —“bakiribú”, que significa “peine”, y “waridzá”, “boca”— en referencia a la disposición de sus dientes, semejante a las cerdas de un peine. De este modo, el nuevo género no solo describe su morfología característica, sino que también honra el legado cultural de los pueblos originarios del nordeste brasileño, en cuya región fue descubierto el fósil.

El material, proveniente de la Formación Romualdo, está excepcionalmente conservado y muestra una serie de rasgos que lo ubican dentro de Ctenochasmatidae, un grupo de pterosaurios especializados en la filtración de alimento. Entre ellos, destacan las mandíbulas extremadamente alargadas y las densas hileras de dientes finos y juntos, que habrían permitido capturar pequeños organismos del agua. Los análisis microscópicos del tejido dental revelaron dentina y cavidades pulpares bien preservadas, lo que permitió evaluar su estructura y posible función durante la alimentación.

El estudio también ofrece una comparación detallada con Pterodaustro y otros miembros de su linaje. Si bien ambos comparten la característica hilera de dientes tipo “cepillo”, en Bakiribu el espacio entre los dientes es aproximadamente el doble de ancho, sin que estos lleguen a tocarse entre sí. Además, las coronas presentan una sección transversal ligeramente cuadrangular, en contraste con la forma cilíndrica o “de lápiz” observada en Pterodaustro y en otros ctenocasmátidos como Gegepterus.

Me parece especialmente interesante la comparación con Balaenognathus, un pterosaurio europeo que tuve la oportunidad de describir. Ambos muestran adaptaciones notables hacia la filtración, aunque en contextos geográficos y ambientales distintos. Mientras Balaenognathus vivía en ecosistemas templados de Europa, Bakiribu lo hacía en ambientes tropicales, demostrando que la estrategia de filtración surgió de forma independiente en distintas regiones del planeta.

Desde el punto de vista evolutivo, Bakiribu ocupa una posición intermedia entre Ctenochasma y Pterodaustro, lo que lo convierte en un eslabón clave dentro de la subfamilia Ctenochasmatinae. Su morfología dental, junto con ciertos rasgos craneales, sugiere una transición gradual hacia sistemas más especializados de filtración, anticipando la compleja adaptación vista en Pterodaustro.

Otro aspecto notable es la interpretación tafonómica, es decir, cómo llegó a preservarse el fósil. Los autores proponen que el conjunto de restos se originó a partir de una regurgitalito, es decir, material expulsado por un depredador después de alimentarse. Este hallazgo no solo preserva al pterosaurio, sino también evidencia indirecta de interacciones tróficas en el ecosistema del Araripe, ofreciendo una visión poco común de las relaciones entre depredadores y presas en el Cretácico.

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