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Ranking rojo

Isra Reyes
Isra Reyes
febrero 16, 2026

Hay datos que no solo cuentan una historia… la gritan. El más reciente informe global sobre violencia urbana nos coloca, una vez más, frente a una realidad que quisiéramos que fuera solo un mal sueño: México lidera el número de ciudades más violentas del mundo, con decenas de urbes incluidas en el ranking más reciente de homicidios por habitante.

El Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, una organización civil que cada año compila las cifras de homicidios por cada 100 mil habitantes, determinó que 17 ciudades mexicanas están entre las 50 más violentas del mundo en 2025, más que cualquier otro país.

No es un dato aislado. América concentra 44 de las 50 ciudades con las tasas más altas de homicidio, y nosotros somos el país con más urbes en esa lista.

En ese listado figuran lugares tan diversos como Culiacán (Sinaloa) y Ciudad Obregón (Sonora), ambas señaladas con tasas que superan ampliamente lo que la ONU considera una crisis grave de violencia urbana, y otras, como Acapulco, Manzanillo, Tijuana, Celaya, Cuernavaca y León, que también han sido catalogadas como zonas de alto riesgo con cifras alarmantes de homicidios violentos año tras año.

¿Qué nos dice esto? Primero, que el problema no está concentrado en un solo rincón del país: está disperso, activo y latente en regiones con economías muy distintas, desde destinos turísticos hasta ciudades industriales o fronterizas.

Segundo, que estos números no se generan en el vacío. La violencia homicida urbana en México es el resultado de décadas de dinámicas complejas: el auge y la fragmentación de grupos criminales, la debilidad institucional en la impartición de justicia, la impunidad endémica y la falta de estrategias de prevención comunitaria eficaces. El hecho de que varias ciudades mexicanas hayan aparecido continuamente en estos rankings durante años indica que no estamos ante picos aislados, sino ante un patrón sostenido.

Claro, también hay matices que no podemos ignorar. En 2026, algunos reportes oficiales señalan que México ha registrado cifras de homicidios dolosos al nivel más bajo en varios años, lo que el gobierno interpreta como avance en su estrategia de seguridad. Pero incluso con esa reducción en el promedio nacional, la percepción de inseguridad no ha bajado entre la población y la presencia de múltiples ciudades dentro de un listado mundial sigue señalando un problema estructural profundo.

Nos enfrentamos, en otras palabras, a una contradicción dolorosa: el país podría estar reduciendo en términos absolutos algunos delitos, pero su violencia homicida urbana sigue siendo tan intensa que lo coloca como epicentro global del fenómeno en muchas de sus ciudades.

Y es aquí donde la discusión pública se vuelve ineludible. ¿Queremos interpretar estos datos solo como cifras estadísticas… o como el termómetro de una sociedad que sigue padeciendo un tipo de violencia que erosiona la convivencia, la economía y la esperanza?

Porque no se trata únicamente de qué lugar ocupamos en una lista global. Se trata de qué estamos haciendo, como sociedad, como instituciones, como ciudadanos, para que las vidas que están detrás de esos números tengan seguridad, justicia y futuro.

Al final, la pregunta que debería inquietarnos a todos es esta: Si incluso con supuestas reducciones en homicidios la violencia nos sigue colocando en el mapa mundial de las ciudades más peligrosas, ¿estamos enfrentando verdaderamente las causas profundas de la violencia… o solo sus síntomas?

Ahí está el debate que no podemos evadir.

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