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Opinión, Plumas

La obviedad que revela el vacío

Fernando Urbano
Fernando Urbano
noviembre 18, 2025

Hay frases que no sólo retratan a quien las dice, sino al sistema que representan. Hace unos días, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, nos regaló una de esas joyas involuntarias, “los niños que no nacen no van a la escuela”. Una afirmación que, más que aclarar, exhibe el nivel de superficialidad con el que el oficialismo intenta justificar problemas estructurales profundos.

La escena es simple, casi absurda. En su comparecencia ante el Senado, Delgado quiso explicar la disminución de la matrícula escolar con un razonamiento demográfico, menos nacimientos, menos alumnos. El problema no es la causa, que efectivamente forma parte del fenómeno, sino la incapacidad de distinguir entre una obviedad y una explicación seria de política pública. Porque cuando el encargado de la educación de un país de 130 millones de habitantes se refugia en una frase digna de manual del sentido común, algo anda mal.

Y claro, la reacción fue inmediata. Memes, ironías, comentarios virales. Las redes hicieron lo que mejor saben, desnudar el ridículo. El oficialismo intentó salvar la escena asegurando que todo fue sacado de contexto, pero el daño ya estaba hecho. La frase se convirtió en símbolo de algo más grande, la pobreza intelectual con la que se conduce hoy una de las áreas más importantes del país.

Pero aquí es donde vale la pena detenerse. No es sólo la frase. Es el contexto. La educación en México atraviesa un periodo oscuro, uno donde la improvisación ha sido vendida como “nueva pedagogía”, donde la ideología desplazó a la ciencia y donde los libros de texto se convirtieron en territorio de ocurrencias. Mientras el mundo discute cómo preparar a las nuevas generaciones para un futuro tecnológico, emocionalmente complejo y económicamente desafiante, nosotros seguimos atorados definiendo lo evidente.

La verdadera tragedia no es que el secretario diga obviedades, sino que detrás de ellas no exista un proyecto claro. Los aprendizajes están a la baja. Las habilidades socioemocionales están abandonadas. La infraestructura escolar se deteriora. Y el magisterio, utilizado por años como brazo político, sigue sin el acompañamiento técnico para transformarse en el motor de un país que, hoy más que nunca, necesita pensar mejor.

La frase de Delgado no debería indignarnos por tonta. Debería preocuparnos por reveladora. Porque un país que normaliza que su titular de educación explique la crisis educativa con una perogrullada está aceptando, sin decirlo, que no hay rumbo. Que no hay autocrítica. Que no hay profundidad. Y que, en el fondo, tampoco hay voluntad de corregir.

Los niños que no nacen, ciertamente, no van a la escuela.

Pero los que sí nacentampoco están aprendiendo lo que necesitan.

Esa es la verdadera urgencia. Y esa, tristemente, es la frase que nadie en el oficialismo se atreve a decir.

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