La selección mexicana sub-17 femenina dio un paso gigantesco en su camino al título mundial al superar en penales a Italia, logrando el pase a la semifinal del torneo con una actuación que combina valentía, disciplina y garra. Tras un encuentro cerrado que acabó 0-0, el drama se resolvió 5-4 desde los once metros, gracias en gran parte a la extraordinaria actuación de su guardameta, que detuvo los disparos decisivos.
Durante el partido, las mexicanas fueron sometidas a situaciones de alta presión: se enfrentaron a dos penales en contra en una misma mitad, ambas sanciones muy discutidas, una de ellas tras revisión del VAR, que pusieron al equipo al borde del abismo. Sin embargo, la zaga se mantuvo firme, la portera sostuvo el cero, y las jóvenes jugadoras se rehicieron del impacto para mantener el orden táctico y emocional hasta los tiros finales.
En ofensiva, la selección mostró destellos de su potencial: la mediocampista que distribuye juego con inteligencia marcó diferencias, mientras que la delantera citada por su toque técnico y movilidad inquietó constantemente el área italiana. Aunque el gol conseguido fue anulado, el juego del equipo dejó claro que puede competir de tú a tú con las potencias del futuro.
La victoria en penales frente a Italia no solo significa estar entre las cuatro mejores del mundo en su categoría, sino que reafirma el crecimiento del fútbol femenil en México, demostrando que con preparación, carácter y visión táctica se pueden romper barreras históricas. Ahora, el reto que se plantea es aún mayor: en semifinales enfrentará a la selección de los Países Bajos, rival al que ya venció en fase de grupos, lo cual añade un componente extra de confianza y motivación.
El momento de júbilo es colectivo: las atletas, el cuerpo técnico y la afición están unidos por un orgullo renovado y la esperanza de avanzar hasta la final. Más que un pase, es una señal de que el futuro del fútbol femenil mexicano brilla con luz propia.


