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Kostensuchus atrox: el nuevo “cocodrilo” de la Patagonia que reinó al final del Cretácico

El Ahuizote
El Ahuizote
septiembre 22, 2025

Héctor Rivera Sylva

En los últimos días del Cretácico, hace unos 70 millones de años, el sur de la actual Patagonia era un mosaico de ríos, planicies y bosques fríos donde convivían dinosaurios, aves, mamíferos diminutos y poderosos depredadores. A ese elenco se suma ahora Kostensuchus atrox, un nuevo crocodiliforme descrito por paleontólogos de Argentina, Brasil, Portugal y Japón y publicado en PlosOne. Se trata del primer registro de este grupo en la Formación Chorrillo (cuenca Austral), a unos 30 km al sudoeste de El Calafate, provincia de Santa Cruz, Argentina.

El fósil apareció dentro de una gran concreción y está excepcionalmente preservado: cráneo y mandíbulas articuladas y parte del esqueleto postcraneal. Ese nivel de integridad es inusual y permitió reconstruir, por primera vez, el plan corporal completo de un peirosáurido grande y de hocico ancho.

El análisis lo ubica dentro de Peirosauridae, un linaje de notosuquios predominantemente terrestres. Está emparentado de cerca con formas robustas de hocico ancho que vivieron al final del Cretácico, como Colhuehuapisuchus (Patagonia central) y Miadanasuchus (Madagascar). Su presencia en Chorrillo lo convierte en el registro más austral y tardío del grupo, ampliando el mapa y el tiempo de los peirosáuridos en Gondwana.

Anatómicamente, Kostensuchus exhibe dientes zipodontes (aserrados y comprimidos lateralmente), ideales para desgarrar carne; un hocico ancho cuya longitud es apenas algo mayor al 50% de la longitud total del cráneo; y una cámara aductora profunda en la región temporal, señal de músculos mandibulares muy potentes. Del tronco hacia delante se preservan una escápula ancha y un húmero robusto, rasgos típicos de notosuquios depredadores grandes. Todo apunta a un cazador musculoso, capaz de abatir presas considerables en tierra firme, ocupando el tope de la cadena trófica en latitudes altas al final del Cretácico.

El nombre genérico Kostensuchus combina Kosten —término de la lengua aonikenk (tehuelche meridional) que alude al viento patagónico— con suchus, latinización del griego Souchos, en referencia al dios egipcio Sobek/Sebek, de cabeza de cocodrilo. El epíteto específico atrox proviene del griego y significa “feroz”. En conjunto, el nombre evoca a un “cocodrilo del viento” duro y temible, muy acorde con su anatomía y el clima riguroso de la región.

La completitud del ejemplar permite, por primera vez, visualizar con detalle la morfología craneal y postcraneal de un peirosáurido grande de hocico ancho. Hasta ahora, la imagen de estos animales se basaba en restos fragmentarios. Kostensuchus fija un punto de referencia anatómico para comparar otros hallazgos y entender mejor la diversidad interna de Peirosauridae hacia el final del Cretácico.

La Formación Chorrillo ya es famosa por sus dinosaurios (saurópodos, hadrosaurios y terópodos), aves y mamíferos. Con Kostensuchus, el componente depredador terrestre se vuelve más robusto, obligándonos a imaginar interacciones más ricas: competencia con terópodos, aprovechamiento de diferentes tipos de presas y estrategias de caza adaptadas a altas paleolatitudes, con inviernos largos y fríos.

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