La muerte de los futbolistas portugueses Diogo Jota y su hermano André Silva en un trágico accidente automovilístico ocurrido el 3 de julio en la autovía A-52, en Zamora, sigue generando dudas tras el surgimiento de nuevos testimonios que contradicen la versión oficial.
Aunque el informe preliminar de la Guardia Civil atribuyó el siniestro a un exceso de velocidad y fallas mecánicas, dos testigos presenciales ofrecieron otra versión. José Aleixo Duarte, un camionero que circulaba por la zona, aseguró que los hermanos lo adelantaron “a ritmo moderado” y apuntó al mal estado del asfalto como posible causa. Otro testigo, José Azevedo, que incluso intentó socorrer a las víctimas, también descartó una conducción temeraria y afirmó: “No iban rápido, fue una tragedia inevitable”.
Expertos en seguridad vial han señalado que una combinación de factores, incluido el mal diseño de la carretera, pudo haber agravado el impacto. Mientras la investigación continúa, el caso ha reabierto el debate sobre el estado de la A-52, una vía señalada por anteriores accidentes fatales.
La comunidad futbolística, especialmente en Portugal e Inglaterra, sigue de luto por la pérdida de ambos jugadores, mientras se espera que las autoridades aclaren de forma definitiva lo ocurrido.



