Tokio — En Japón, una ley vigente desde 1898 obliga a las parejas casadas a registrar un solo apellido, y en el 95 % de los casos es el del esposo. Esta norma, lejos de ser una formalidad, ha generado controversia por su impacto directo en la carrera profesional y la identidad de miles de mujeres japonesas.
Expertas en equidad de género advierten que el cambio de nombre puede afectar el reconocimiento laboral, la continuidad académica y el historial profesional de las mujeres, obligándolas a reconstruir su identidad desde lo legal hasta lo social. A pesar de repetidos intentos por reformar la ley, la Corte Suprema japonesa ha ratificado la medida como constitucional, generando críticas dentro y fuera del país.
Grupos feministas sostienen que esta práctica refuerza un modelo familiar tradicional y patriarcal que ya no representa a la sociedad japonesa moderna, donde muchas mujeres desean mantener su independencia personal y profesional tras el matrimonio.
La discusión ha resurgido con fuerza, impulsada por la creciente participación femenina en el ámbito laboral y político, así como por las demandas de igualdad dentro del sistema legal japonés.



