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Cultura

El nacimiento de PEMEX

El Ahuizote
El Ahuizote
marzo 18, 2025

El 18 de marzo de 1938, un día que marcó un antes y un después en la historia de México, el presidente Lázaro Cárdenas del Río tomó una decisión que cimbró al país y al mundo: la expropiación petrolera. Ese día no solo se nacionalizó un recurso estratégico, sino que también se encendió una chispa de orgullo y soberanía en el corazón de los mexicanos. Fue una apuesta audaz, una jugada que enfrentó a México contra potencias extranjeras y que, a pesar de las adversidades, se convirtió en un símbolo de independencia económica y justicia social. Pero, como todo en la historia, esa victoria también trajo consigo desafíos que siguen resonando hasta nuestros días.

Vamos a recorrer este fascinante viaje, desde los primeros pasos de la industria petrolera en México, pasando por aquel histórico decreto presidencial, hasta lo que hoy representa Petróleos Mexicanos (PEMEX): una empresa llena de gloria, pero también de retos monumentales.

El nacimiento del oro negro en México

La historia del petróleo en México comenzó mucho antes de la expropiación. A finales del siglo XIX y principios del XX, empresas extranjeras, principalmente de Estados Unidos y el Reino Unido, comenzaron a explotar el petróleo mexicano. Para ellos, México era un paraíso: un país rico en recursos naturales, con un gobierno permisivo y una población sin mucho poder para exigir derechos. Compañías como El Águila (de capital británico) y la Standard Oil (de Rockefeller) se adueñaron de enormes extensiones de tierra y comenzaron la extracción del preciado recurso.

El petróleo fluía, pero las ganancias iban directo a los bolsillos extranjeros. Mientras tanto, los trabajadores mexicanos sufrían condiciones laborales deplorables: bajos salarios, jornadas extenuantes y cero derechos laborales. Las riquezas del subsuelo mexicano servían para enriquecer a otros, mientras el país quedaba con migajas. Esto, como era de esperarse, generó un profundo resentimiento en la población y sembró las semillas de un cambio inevitable.

El contexto revolucionario y la Constitución de 1917

La Revolución Mexicana (1910-1920) fue el caldo de cultivo para esa transformación. En medio de las demandas de tierra, justicia y libertad, también surgió la idea de que los recursos naturales debían pertenecer a la nación. Fue en la Constitución de 1917, específicamente en el artículo 27, donde quedó plasmado que el petróleo y el resto de los recursos del subsuelo eran propiedad de la nación. Sin embargo, aunque esto sonaba muy revolucionario en el papel, en la práctica las compañías extranjeras siguieron operando como si nada hubiera cambiado. Tenían contratos, influencias y gobiernos que los protegían.

Pero todo cambió en la década de los 30, cuando Lázaro Cárdenas llegó a la presidencia. Este hombre, con su visión de justicia social y su cercanía al pueblo, decidió que era hora de que México tomara el control de su riqueza petrolera.

El gran día: 18 de marzo de 1938

El conflicto entre las empresas petroleras y los trabajadores mexicanos escaló rápidamente. Los trabajadores, organizados en sindicatos, exigían mejores condiciones laborales y un salario digno. Las empresas se negaron, y el pleito llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que falló a favor de los trabajadores. Pero las compañías extranjeras, en un acto de desafío, decidieron ignorar el fallo.

Eso fue la gota que derramó el vaso. El 18 de marzo de 1938, Lázaro Cárdenas anunció en un discurso histórico que el gobierno mexicano expropiaba todas las instalaciones petroleras y las ponía bajo control de la nación. “La defensa del petróleo es la defensa de la soberanía de la nación”, declaró el presidente, ante una mezcla de entusiasmo, incertidumbre y orgullo popular.

El impacto fue enorme. Las potencias extranjeras reaccionaron con furia, imponiendo bloqueos económicos y diplomáticos. Pero el pueblo mexicano respondió con solidaridad. Desde campesinos hasta empresarios, todos donaron lo que podían para pagar la indemnización a las compañías expropiadas. Fue un momento de unidad nacional, un acto que trascendió generaciones.

El nacimiento de PEMEX y los años de gloria

De la expropiación petrolera nació Petróleos Mexicanos (PEMEX) en 1938. La idea era clara: el petróleo, ahora en manos mexicanas, sería el motor del desarrollo nacional. Y durante varias décadas, así fue. PEMEX se convirtió en uno de los pilares de la economía mexicana, financiando escuelas, carreteras, hospitales y programas sociales.

En los años 70, con el descubrimiento de enormes yacimientos en Campeche, México vivió un auge petrolero. El país se llenó de optimismo, y el entonces presidente José López Portillo declaró: «Hay que prepararnos para administrar la abundancia.» Sin embargo, esa abundancia también trajo excesos, corrupción y dependencia. México apostó todo al petróleo, y cuando los precios internacionales cayeron en los 80, la economía se desplomó.

PEMEX hoy

Hoy, más de 80 años después de la expropiación, PEMEX sigue siendo un símbolo de orgullo nacional, pero también una empresa que enfrenta retos gigantescos. Es una de las petroleras más grandes del mundo, pero también una de las más endeudadas. La corrupción, la mala administración y la falta de inversión en tecnologías limpias han puesto a PEMEX en una situación crítica.

Además, el mundo ha cambiado. La transición energética hacia fuentes renovables está en marcha, y la dependencia del petróleo es cada vez más cuestionada. En este contexto, surge una pregunta incómoda: ¿qué lugar tiene PEMEX en el futuro de México?

Por un lado, hay quienes defienden a capa y espada la importancia de PEMEX para la soberanía energética. Por otro, están quienes creen que es hora de diversificar la economía y reducir la dependencia de los hidrocarburos. Lo que es innegable es que PEMEX necesita una transformación profunda para adaptarse a los nuevos tiempos.

El legado de la expropiación 

La expropiación petrolera de 1938 no fue solo un acto económico; fue un acto de dignidad. Fue un momento en el que México decidió tomar las riendas de su destino. Pero ese legado no puede quedarse solo en el pasado. Hoy, el desafío es honrar esa historia con acciones que aseguren un futuro sostenible, justo y próspero.

Como dijo alguna vez Lázaro Cárdenas: «Gobernar es hacer que los pueblos tengan fe en sus destinos.» Y esa fe no puede basarse únicamente en el petróleo. Debemos mirar más allá, hacia un México que aproveche su riqueza natural, pero también su talento humano, su diversidad y su capacidad de innovación.

PEMEX seguirá siendo un símbolo de nuestra historia, pero el verdadero reto es construir un presente y un futuro que honren su legado. Porque el oro negro puede agotarse, pero la esperanza y la determinación de los mexicanos nunca deberían hacerlo. Eso es lo que realmente nos hará grandes.

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