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Cultura

Luis Barragán y su influencia en la arquitectura mexicana

El Ahuizote
El Ahuizote
noviembre 21, 2023

Cultura 99

Nació el 9 de marzo de 1902 en una familia adinerada y religiosa de hacendados de Jalisco. Sus padres fueron Juan José Barragán y Ángela Morfín. Pasó su infancia junto a su padre en el barrio de Santa Mónica en Guadalajara, su ciudad natal. Tenía seis hermanos, tres mujeres y tres hombres. Solía pasar sus vacaciones y largas estancias en la hacienda de Corrales, cerca de La Manzanilla de la Paz, en Jalisco. Las experiencias de su infancia en el campo y en el entorno rural mexicano, rodeado de la naturaleza de las montañas donde se encontraba la hacienda familiar, dejaron una profunda huella en su arte y dieron como resultado un estilo mexicano universal.

Estudió en la Escuela Libre de Ingenieros de Guadalajara, donde entabló una amistad duradera con personas como Rafael Urzúa Arias y Pedro Castellanos. Según él mismo afirmaba, su interés por la arquitectura surgió principalmente por la influencia del arquitecto Agustín Basave, uno de sus profesores. Entre 1919 y 1923, Luis Barragán estudió ingeniería civil en la Escuela Libre de Ingeniería de Guadalajara y tomó cursos opcionales para obtener al mismo tiempo el título de arquitecto bajo la supervisión de Agustín Basave. Obtuvo su título en 1923.

Viajó a Francia y España de 1925 a 1926, y al llegar a París asistió a la Exposición de Artes Decorativas de 1925. Una de las imágenes que más le impresionó en ese momento fue una foto de un jardín diseñado por Ferdinand Bac, quien había publicado un libro titulado «Jardins enchantés» ese mismo año. A partir de entonces, comenzó una relación personal entre ambos. Después, tuvo un encuentro con las culturas mediterráneas, tanto europeas como musulmanas, que influyeron en su arquitectura, especialmente en las ciudades mediterráneas, la jardinería y el uso expresivo del agua, así como en la Alhambra de Granada. Conoció a Le Corbusier en 1931, cuando asistió a sus conferencias en París y tuvo la oportunidad de conocer su obra.

Al regresar, la Escuela Libre de Ingeniería dejó de otorgar títulos de arquitectura, por lo que, a pesar de haber cumplido con los requisitos, no pudo obtener su título oficial como arquitecto. Durante el resto de su vida, firmó alternativamente como ingeniero, arquitecto o arquitecto paisajista. Entre 1927 y 1936, ejerció su práctica profesional en Guadalajara, remodelando y diseñando casas con un estilo influenciado tanto por la arquitectura mediterránea como por la local. Su primera obra formal fue la remodelación de la casa de Emiliano Robles León, un destacado abogado de Guadalajara, ubicada en la esquina de las calles Pavo y Madero, en pleno centro de la ciudad. En esta remodelación, destacó el uso de la madera en barandas y puertas, diseñadas por Barragán, así como el patio central con una fuente. Impresionado por el resultado del trabajo del joven arquitecto, Robles León le encargó posteriormente el proyecto de varias casas para alquilar, así como el de su casa de descanso en Chapala. Gracias a la buena reputación que adquirió con estas obras, Barragán se hizo famoso en la ciudad y los encargos se multiplicaron.

En 1931, viajó a Nueva York, donde conoció a Frederick Kiesler y publicó por primera vez su trabajo en Architectural Review y House and Gardens en el extranjero. En 1936, se mudó a la Ciudad de México y construyó varias viviendas de estilo funcionalista, inspiradas en Le Corbusier y con un enfoque comercial debido a la situación económica de su familia. Colaboró con arquitectos como Max Cetto y el ingeniero José Creixell. Destacó el edificio de cuatro estudios para pintores en la Plaza Melchor Ocampo, donde ya se apreciaba su uso del espacio y el color. Esta etapa fue posiblemente la de mayor producción de su carrera, aunque no recibió el reconocimiento que merecía.

A principios de los años 40, Barragán adquirió una serie de terrenos a lo largo de la Calzada Madereros (hoy Av. Constituyentes), posiblemente influenciado por el interés económico a largo plazo debido a la cercanía con la nueva residencia presidencial de Los Pinos. En esta área, se centró en el diseño del espacio exterior, creando un gran jardín dividido en secciones irregulares y realizando diversas intervenciones en la construcción existente, conocida como Casa Barragán-Ortega. Durante esta etapa, Barragán buscó independizarse de los clientes y emprender sus propias obras. Su primer proyecto independiente fueron los Jardines del Pedregal. Vendió parte de los terrenos en la Calzada Madereros para financiar sus próximos proyectos y reservó un espacio para su Casa-Estudio.

Casi al mismo tiempo que adquirió los terrenos en la Calzada Madereros, Barragán compró otro terreno cerca del histórico barrio de San Ángel, en un lugar conocido como El Cabrío. Aquí comenzó a explorar las posibilidades del paisaje volcánico, creando diversas estructuras como muros e intervenciones de jardinería. Esto lo inspiró a desarrollar la zona. El Pedregal era una zona peculiar debido a su origen en la explosión del volcán Xitle hace 2000 años, lo que creó un paisaje único con flora y fauna nativas. Tenía cierto misticismo debido a las ruinas de Copilco y Cuicuilco que la rodeaban, e incluso había referencias populares a prácticas de brujería y presencia de espíritus. Aunque el Pedregal atraía la fascinación de artistas y científicos, para cuando Luis Barragán se interesó en la zona, era un área salvaje e inhóspita considerada hogar de serpientes y criminales debido a su aislamiento.

En 1944, Barragán comenzó a adquirir terrenos y, junto con los hermanos Luis y José Alberto Bustamante, empresarios de bienes raíces, compró un total de 865 acres (aproximadamente 3,500,000 m²). Creó un plan de urbanización e inició el diseño de calles, accesos, plazas, parques y casas modelo. Las calles se trazaron siguiendo las formaciones de la lava, y se aprovecharon todos los espacios para crear senderos y albercas. Barragán desarrolló tres jardines de muestra y dos casas en colaboración con Max Cetto, cuya casa fue la primera en construirse en la zona. La entrada a la zona estaba delimitada por rejas de colores rojo y verde, y había dos parques: la Plaza de las Fuentes, que contaba con una escultura de Mathias Goeritz llamada «El animal del Pedregal», y la fuente de los Patos.

Inscrito dentro de una polémica post-revolucionaria sobre identidad nacional, su obra posterior se basa en una retórica sobre arquitectura vernácula universal que Barragán formula con antecedentes del norte de África, España, y zonas rurales de su natal estado de Jalisco. Esto se vio enriquecido cuando en 1951 visita Marruecos, lo que se traduce en un lenguaje formal de construcciones masivas, con gruesos muros y aberturas dosificadas, donde los acabados son de marcada textura y con brillantes colores que Barragán creyó identificar como de extracción popular. Elementos como el agua y la luz, juegan un papel fundamental en sus proyectos, casi siempre enriquecidos por jardines.

Entre 1955 y 1960 restauró el convento de las Capuchinas Sacramentarias en Tlalpan, en 1957 realizó el proyecto de escultura urbana de las Torres de Satélite en colaboración con el escultor Mathias Goeritz y el pintor Jesús Reyes Ferreira. En 1955 realiza la casa para Antonio Gálvez, obra que sobrevive en estado original. En 1966 es consultado por Louis Kahn para el patio central del Instituto Salk en La Jolla, California, a lo que Barragán recomendó dejar el espacio abierto sin vegetación con solo una fuente recorriendo el espacio.9​ Posteriormente, en 1976 construyó la Casa Gilardi de la cual sobresale el uso del color y la luz natural en el comedor-piscina. Su discurso sobre arquitectura vernácula coincidió en los años 60 y 70 con intereses estructuralistas y de semiótica de la arquitectura. Basado en estos intereses, el mundo arquitectónico de Nueva York lo lanzó al estrellato internacional mediante la muestra de 1976 del Museo de Arte Moderno de Nueva York llamada «The Architecture of Luis Barragán». De esta exposición surge la publicación del libro homónimo por Emilio Ambas.

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